EL SUBRAYADO
El objetivo del subrayado es destacar las ideas esenciales de un
texto. Posteriormente, al leer únicamente lo subrayado se puede
recordar el contenido de dicho texto.
Las principales teorías psicológicas de la percepción humana
fundamentan esta técnica, ya que está demostrado que la memoria se
fija y recuerda más y mejor aquellas cosas que se resaltan.
¿Por qué es indispensable subrayar un libro para leerlo?
·
En
primer lugar, porque así nos mantenemos despiertos, totalmente
despiertos y no sólo conscientes.
·
En
segundo lugar, leer, si lo hacemos activamente equivale a pensar,
y el pensamiento tiende a expresarse en palabras, escritas o
habladas.
·
En tercer lugar, el subrayado evita tener que leer de nuevo todo el texto.
Un buen subrayado nos coloca el texto en telegrama,
ahorrándonos tiempo y esfuerzo para la captación de su esencia
significativa.
1.
¿Cuándo subrayar?
Inmediatamente después de captar el texto. Si no, no sabrás qué
remarcar.
2.
¿Qué subrayar?
Los puntos más
importantes, los argumentos de mayor fuerza. Las ideas centrales,
las Palabras-Clave. (Mucho más en lo humanístico que en lo
técnico).
3.
¿Cómo subrayar?
Con remarcador:
·
líneas ondulantes debajo, para lo esencial;
·
líneas llenas,
para lo secundario pero significativo.
Si quieres subrayar un documento que tengas en la computadora, en
lugar de usar líneas ondulantes para resaltar lo esencial, puedes
apelar (ya que los procesadores de texto no tienen la opción de
líneas ondulantes) a la opción doble línea.
·
Puedes numerar en orden los subrayados, para guiarte en el
Resumen o en la confección del Mapa Mental.
·
Marcar las definiciones con flechas.
·
Si el libro no es nuestro, no podemos subrayar. Por eso, si
tienes los medios, es conveniente comprarlo.
Lo que no debe hacerse:
Terminar
subrayando media página o la mayor parte de la página.
Tampoco subrayar en la primera lectura, sin haber leído el
índice, el prólogo, la bibliografía y la introducción.
EJEMPLO DE
SUBRAYADO
LA FILOSOFÍA
I
Etimología de la palabra
Si nos atenemos a la etimología de la palabra, la filosofía es muy
fácil de dedinir : es el amor a la sabiduría.
III
Sentido de la palabra.
Pero, cuando abandonamos el dominio de la etimología y de la
historia del vocablo, y tratamos de definir QUÉ es la filosofía,
surgen las dificultades. Proceden no tanto de la variedad de
acepciones que el término ha sufrido a lo largo de la historia,
como de la profunda evolución que ha registrado en el seno mismo
de la corriente aristotélico-tomista.
En primer lugar, santo Tomás no podía admitir la concepción
aristotélica. Para Aristóteles, en efecto, la sabiduría suprema
es la metafísica. Pero, para un pensador cristiano, existe
una sabiduría infinitamente superior : la teología, fundada en la
revelación y en la fe,e por lo que el hombre participa de la misma
sabiduría de Dios. Se impone, pues, la precisión de que la
filosofía es la sabiduría adquirida por las solas luces de la
razón natural. Por lo demás, Aristóteles nada hubiera
objetado a este respecto, ya que así la entendía él, habida cuenta
de que no tenía ni la más somera idea de un modo de conocimiento
sobrenatural, trascendente a la razón.
Existe otra dificultad. Un filósofo tomista tampoco puede, en
nuestros días, ateneerse al concepto aristotélico-tomista de
sabiduría, ya que ésta englobaba casi la totalidad del saber
racional : física, matemáticas y metafísica. Ahora bien, del
Renacimiento a esta parte, las ciencias se han desarrollado y
diversificado infinitamente y, lo que es más importante aún, se
han separado, a menudo con violencia, de la filosofía.
Actualmente, a nadie se le ocurriría llamar sabios, en el sentido
primitivo de la palabra, a un matemático o a un físico ; y éstos
se creerían insultados si se les calificara de filósofos. De este
modo, se ha llegado frecuentemente a la oposición actual entre
ciencia y sabiduría, reservando (un tanto abusivamente) el término
ciencia para las ciencias particulares, ciencias exactas y
ciencias experimentales, como se dice actualmente. Este hecho ha
inducido a precisar que la filosofía es la búsqueda de una
explicación del universo por las causas, principios o razones
últimas, en el sentido de que no es posible ir más allá de
dichas razones. Pero esta precisión fue ya formulada
explícitamente por santo Tomás : ‘La sabiduría -dice- consiera
las causas primeras, la ciencia se detiene en las causas segundas
o próximas’. (METAFÍSICA, 1, 1 ; N° 34). Así pues, se conserva
la fidelidad no ya únicamente al espíritu sino también a la letra
del tomismo, al distinguir entre ciencias y filosofía. El único
cambio registrado consiste en extender el ámbito de las ciencias
particulares más allá de las fronteras que santo Tomás les había
asignado.
Creemos, pues, a fin de cuentas, que la definición de filosofía
comúnmente aceptada por la escuela tomista contemporánea,
es plenamente satisfactoria. Dicha definición reza así : la
filosofía es el conocimiento de todas las cosas por sus razones
últimas, adquirido con la sola luz de la razón natural.
Si se nos permite adentrarnos inmediatamente en los arcanos del
vocabulario técnico, diremos que el universo es el objeto
material de la filosofía, y que las causas últimas
constituyen su objeto formal. Esto significa que la
filosofía se interesa por todo lo que es, pero en cuanto
comprehensible por sus causas supremas ; estas últimas son, pues,
su objeto propio y principal.
Semejante definición de la filosofía nos parece válida para todas
las filosofías. No cabe duda de la existencia de grandes
divergencias acerca de la naturaleza de los principios que ellas
proponen ; para unas, por ejemplo la de Marx, es la Materia ; para
otras, como la de Hegel, es el Espíritu ; y para otras aún, la
Sabiduría (Spinoza), etc. Pero poco importa aquí que una filosofía
sea materialista, idealista o panteísta, ya que siempre tiende a
explicar el universo por sus causas supremas. Tal vez el único
sistema de pensamiento excluido por esta definición sea el
escepticismo, que hace consistir la sabiduría en la duda respecto
de todas las cosas. Pero, dado que enseña las razones del dudar y
puesto que las reduce a unos capítulos principales, también cabría
admitir que el escepticismo busca las razones últimas de las
cosas.
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