CONSEJOS Y ORIENTACIONES PARA MEJORAR
LA ATENCIÓN Y LA CONCENTRACIÓN
·
Estudiar en pequeñas dosis,
concediendo a cada
tema, problema o contenido el tiempo correspondiente para su
asimilación. Los minutos asignados a ese contenido son sólo para él.
El estudiante se introduce en cuerpo y alma en su trabajo con el
firme propósito de que nada ni nadie puede entorpecérselo. Su
interés, voluntad atención y concentración están puestos en ese único
objetivo.
·
Descansar lo necesario,
una vez conseguido el objetivo propuesto en la tarea anterior. Sólo
así se podrá acometer otra tarea distinta y concentrarse plenamente
en ella con el mismo y tenaz propósito.
·
No forzar jamás la máquina mental.
Trascurrida dos horas de estudio, hay que descansar brevemente para
relajarse de la concentración mantenida hasta ese momento. El
momento de descanso lo marca el propio organismo y los síntomas de
cansancio pueden ser el picor de ojos, el entumecimiento de los
miembros, cierto sopor... y sobre todo, la fatiga mental. Cuando
aparezcan estas señales deja de estudiar.
·
Cambiar de materia de estudio ayuda a prolongar por más tiempo la
concentración.
Si se dedica una hora a una materia determinada haciendo dos
descansos de cinco minutos, se podrán dedicar otras dos horas a
materias distintas con descansos un poco más prolongados (de unos
diez minutos, sin que descienda realmente el nivel de
concentración).
Pallarés Molíns (1999: 22-26) recomienda, para mejorar la
concentración durante el estudio:
Revisa de vez en cuando las causas que dificultan tu concentración:
escasa motivación, falta de metas u objetivos, estudio pasivo,
problemas interpersonales, dificultades del ambiente, problemas
personales y familiares, estrés-depresión.
Acepta no conseguir estar siempre concentrado a tope
Primera clave para concentrarse: tener metas u objetivos, tanto
generales como más a corto plazo
Evita las actitudes negativas hacia las asignaturas. Ten motivos
positivos y metas bien definidos.
Sé capaz también de estudiar en ambientes menos “ideales”
No olvides la influencia que tiene en la concentración el sueño, la
comida, bebida, postura, etc.
Antes de ponerte a estudiar, deja resueltas las actividades o tareas
que pueden causar interrupciones
Antes de ponerte a estudiar, “aparca” tus preocupaciones e
ilusiones.
Fomenta el estudio activo. El estudio activo se traduce en: una
postura ni incómoda ni excesivamente cómoda, leer con cierta
rapidez, hacerse preguntas, relacionar, subrayar, esquematizar,
hacer mapas conceptuales, etc. El estudio pasivo es la mejor
estrategia para distraerse.
Sigue una pauta o método durante el estudio
Estudia siempre con papel y lápiz al lado. Anota las palabras-clave
y/o los datos más importantes –escribiendo muy poco- y señala las
relaciones con líneas.
Aplica a lo que estudias la imaginación visual y, si te resulta
fácil, la de los otros sentidos.
Aprende alguna técnica sencilla de relajación que te ayudará a
serenarte y concentrarte.
Cuando te sorprendas distraído, sigue un reflejo o rutina de volver
a la materia y a concentrarte.
Cuando te sorprendas distraído, incrementa la actividad intelectual.
Desvía o aplaza los pensamientos distractivos para un momento
determinado del día.
Concreta los pensamientos que vuelven una y otra vez e interfieren
el estudio. Tal vez encuentres en ellos alguna necesidad
insatisfecha o algún problema personal. No tengas reparo en
consultarlo con algún orientador.