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"Lo
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Es el aprendizaje del estudiante y su participación el logro deseado."
(Unesco, 1995)
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Alta Memorización

EL
REGISTRO
‘El arte de la
memoria es el arte de la atención’, afirmó Samuel Johnson. Si no somos
capaces de recordar algo, probablemente sea porque no hemos prestado
atención a ello. Si no lo registramos en la memoria, no lo encontraremos
allí cuando lo necesitemos.
Como el registro muchas
veces descansa en el poder observación, el primer paso consistirá en practicar
el arte de la observación.
A fin de hacer más viva
nuestra observación, practicaremos cada día elaborando una imagen mental
de algo que es una parte corriente de nuestra experiencia, por ejemplo, un
edificio que vemos cada día al ir al trabajo, una persona que trabaja en
nuestra oficina, un jardín de nuestra calle. Intentaremos imaginar con todo
detalle. Nos formularemos unas cuantas preguntas: ‘¿Qué flores hay en ese
jardín?’ ‘¿Cuántos pisos tiene aquel edificio de oficinas de la esquina?’ No
nos limitemos a los detalles visuales, es bueno recordar sonidos, olores, etc.
Si normalmente nos planteamos el reto de responder a preguntas de este tipo, al
poco tiempo notaremos que nuestra observación es más profunda y somos
capaces de recordar con más claridad.
Al aprender a observar
incluso los detalles más insignificantes de la vida, descubriremos que vamos
aguzando la atención cuando se nos presenta información nueva, ya sea al
leer o al escuchar a alguien que nos habla. Cuanto más despiertos y atentos
estemos en cada momento, mayor será el premio que se nos dará a cambio: unas
impresiones
claras y fáciles que nos llegarán a la mente.
Consideremos que nuestra
mente es una cámara. Cuando no estamos atentos al entorno, las lentes están
desenfocadas, y por consiguiente, al ‘revelar’ más tarde la foto, la veremos
borrosa. En cambio, si desarrollamos el hábito de estar alerta y pendientes,
nuestros
recuerdos serán cada vez más intensos.
La importancia de la
comprensión
Recordar maquinalmente
-leyendo o repitiendo algo una y otra vez- es el sistema más corriente que se
utiliza para intentar memorizar. Sin embargo es el menos útil. El material que
se repite sin compromiso ni motivación simplemente entra por una oreja (u ojo)
y sale por la otra. Rara vez traslada algo de la memoria a corto plazo a la
memoria de largo plazo.
El factor más importante de
la memoria es la comprensión. Aunque se puede memorizar una lista de
sílabas sin sentido o números desordenados, fundamentalmente debemos comprender
la información si vamos a recordarla durante un tiempo significativo y si
queremos que nos sea de utilidad. Los datos en bruto no son información de
verdad; se hacen útiles cuando son procesados por una mente humana y se
convierten en conceptos comprensivos.
La doctrina hoy imperante de
la memoria sostiene que la información queda grabada en el cerebro en amplias
redes neuronales interconectadas. Cada idea, imagen o elemento de
información tiene cientos o miles de asociaciones con otras ideas o imágenes y
así están conectados con muchos otros puntos del ‘circuito’ cerebral.
Ahora ampliaremos estas
ideas. Los científicos creen que lo que se graba en el cerebro no son letras,
sílabas o palabras aisladas, sino ideas y conceptos. Estas ideas están
conectadas con otras que lo que podríamos llamar ‘redes semánticas’, redes
de ideas. Al introducir algo en la memoria, podemos decir que creamos nuevos
vínculos en las redes para crear asociaciones significativas.
Por ello es tan importante comprender
lo que hemos leído u oído. Cuando nosotros comprendemos algo, nuestro
cerebro sabe cómo ligarlo con otros hechos, ideas, recuerdos o imágenes
relacionados con ello. Cuando no lo comprendemos, nuestro cerebro no sabe qué
hacer con ello o cómo almacenarlo. Podemos archivarlo en alguna parte,
pero ¿cómo accederemos al archivo? Por otro lado, podemos tener cientos de
asociaciones parecidas al elemento de información que comprendemos.
Hay estudios que han probado
repetidas veces que recordamos mejor lo que comprendemos. Michael Epstein,
del Rider College, descubrió que individuos que han sido entrenados para
encontrar relaciones significativas entre parejas de palabras, recuerdan más
del doble de palabras que los demás, a los cuales se les ha dicho que
memorizaran las palabras. Epstein cree que cuando se activa más la ‘profundización
de procesamiento’ de las palabras al abordar algo de manera comprensiva, se
activa más el cerebro que con la memorización maquinal.
En otro estudio, se ha
separado a los individuos en grupos para aprender nuevas palabras. El primer
grupo simplemente lee las palabras en voz alta; se ha instado al segundo grupo
a clasificar las palabras por categorías; al tercer grupo se le dijo que
formara una frase utilizando todas las palabras. El segundo grupo aprendió más
que el primero, ¡y el tercero recordó un 250% más que el segundo!
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