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L e c t u r a   V e l o z

SALTOS Y FIJACIONES

La lectura no es una actividad continua. Los ojos deben detenerse para leer.

Los experimentos realizados sobre la percepción visual, por medio de aparatos perfeccionados, han demostrado que los movimientos del ojo son discontinuos, es decir, que el ojo, para leer, recorre la línea realizando una serie de saltos y pausas. La lectura sólo se produce durante las pausas. Estas pausas son irregulares en cuanto a su número y duración. Varían según los individuos y también según el objetivo de la lectura.

A estas pausas las denominaremos ‘Descanso de Ojo’.

Otra característica derivada de la anterior, es que el avance en la lectura se produce a saltos que oscilan de izquierda a derecha. Denominaremos este salto: ‘Salto de Ojo’. Y aquel lugar donde la vista se detiene para leer lo llamaremos ‘Punto de Fijación’.

Si quieres verificar estos saltos personalmente, pídele a una persona que tome un libro o un escrito cualquiera y que coloque la parte superior de la página a nivel de sus ojos, a una distancia normal. A medida que la persona lee, observemos sus pupilas, y veremos que éstas hacen pequeñas pausas, ligeros movimientos hacia atrás, el movimiento no es continuo, hacia adelante. Estas son las fijaciones que el todo lector hace.

Si el número de fijaciones es mayor, la lectura será lenta. Debemos acostumbrarnos a fijarnos en grupos de palabras, y no palabra por palabra.

Cada       día     leo     más     y     mejor.

    1            2        3        4        5        6

Leer palabra por palabra equivale a hacer una fijación por cada una. La velocidad de lectura no pasará de 150 palabras por minuto.

Cada día     leo más     y mejor.

       1              2                3

Ahora se han hecho tan sólo tres fijaciones. El lector alcanzará una velocidad de 350-400 palabras por minuto.

Cada día leo             más y mejor.

         1                              2

Leído el renglón en dos fijaciones, alcanzará una velocidad de 500 palabras por minuto.

MOVIMIENTOS DE RETORNO
Al terminar el renglón, la vista debe realizar un retroceso para comenzar con el siguiente. Definiremos este movimiento como: ‘Movimiento de Retorno’.

Es decir, que la vista se fija en cada palabra del principio al fin de la línea, y luego realiza un movimiento rápido de regresión para retomar la línea inmediata inferior, y así sucesivamente.

REGRESIONES
Un hábito común es el de volver atrás para leer, hábito que titularemos ‘Regresión’.

Además de los movimientos atrás, que se hacen para retornar a la línea inmediata inferior, existen otros, también hacia atrás, que demuestran que la persona ‘relee’ ciertas partes o palabras. Este hábito o costumbre se nos ha quedado desde los primeros años escolares. Hay necesidad de superarlo si de verdad queremos progresar en la lectura.

Existen algunas causas por las cuales solemos hacer regresiones:

·     EL VOCABULARIO: Las palabras pueden ser conocidas, desconocidas o dudosas. Estas últimas son las principal causa de las regresiones. No es correcto que asimilemos las palabras dudosas a las que ya conocemos. Se pueden correr riesgos. En todos los casos, es preferible consultar el diccionario, recurso imprescindible en el trabajo intelectual y el estudio.

·     CONFUSIÓN DE PALABRAS: En la lectura es frecuente confundir palabras más o menos parecidas o letras también parecidas: ‘pradillo’ por ‘ladrillo’, ‘milla’ por ‘silla’, o viceversa ; ‘p’ por ‘b’, ‘p’ por ‘q’, ‘d’ por ‘b’, ‘m’ por ‘n’, etc.
 

Las regresiones y las fijaciones

Cuando leemos, nuestros ojos efectúan saltos. Se fijan sobre una

parte de la escritura, dan un salto, hacen una pausa breve, vuelven  a

saltar, y así sucesivamente. La pausa durante la cual los ojos se

detienen se llama fijación. Durante el proceso de lectura éste es el

único momento en que se registra la visión útil. Durante el rápido

movimiento que se produce entre las fijaciones no hay registro visual

útil.


Por lo tanto, los ojos deben funcionar como una cámara cinematográfica. Poseer la capacidad de producir una serie de imágenes con regularidad y velocidad, para realizar una compresión visual continuada que dé lugar a una imagen total del pensamiento.


Para ello, y como base de una correcta técnica de lectura, es necesario destacar dos elementos: la amplitud de la fijación y el tiempo empleado para efectuarla; es decir debemos considerar qué cantidad de elementos estamos viendo en cada fijación, y cuánto nos demora esa fijación.


No conocer un amplio vocabulario es un freno para la velocidad. El lector regresa para comprender el sentido de la frase, aun desconociendo la palabra y vuelve a regresar en otra lectura. En este caso se recomendable el uso del diccionario y la confección de listas de palabras que aclaran significados del vocablo nuevo y sus derivados y sinónimos.

No ha de considerarse una pérdida de tiempo el comprender a fondo una expresión: ‘el lector veloz’ viene a continuación de un ‘lector lento’, que ha sabido solucionar los problemas que determinaban su lentitud.

En una lectura cualquiera, las palabras pueden ser:
 

a) conocidas,

b) desconocidas,

c) dudosas.


En el primer caso no se presentan problemas puesto que si sabemos bien lo que una palabra significa la captarnos inmediatamente. Con las palabras que nos resultan desconocidas no tenemos dificultad porque estamos seguros de no entenderlas.

En cambio con las palabras que nos resultan dudosas sí tenemos problemas porque no sabemos si significan una cosa u otra y es entonces que releemos el texto para estar seguros de su significad o. La solución para esto, sin hacer regresiones, es utilizar e diccionario, que si bien constituye una pérdida de tiempo, no se transforma en un hábito que pueda ser perjudicial para nuestro nivel de comprensión. 

En los casos de una redacción muy compleja la regresión muy comprensible y se justifica plenamente, ya que ayuda a entender un texto completamente. En este caso, se llama regresión controlada.


Las palabras cuyo significado es dudoso, porque no se tiene presente exactamente lo que quieren decir, son las que más nos fuerzan a regresar. Esto se debe a que, al encontrarlas, no creemos necesario buscar la definición en un diccionario, sino que tratamos de comprenderlas incluyéndolas en el contexto (de acuerdo con el sentido de éste). Pero como subsiste la duda, se vuelve sobre el texto anteriormente leído, a fin de procurar un verdadero acierto.

Cuando la palabra es conocida, los ojos ya están habituados a verla y captar su contenido, es un proceso mucho más rápido con lo que se evita un vicio muy común, como es el la regresión. Al no comprender la palabra cada frase es leída una y varias veces para captar su contenido, con la consecuente pérdida de tiempo que esa actitud lleva implícita. La clave de leer rápido radica en poder captar muchas palabras en una sola fijación (para lo cual debe hacerse una serie de ejercicios adecuados).

 
La regresión y el salto atrás son problemas similares. La primera es una vuelta consciente a palabras, párrafos o frases que uno cree que se ha perdido o que no ha comprendido bien. Muchos se ven obligados a regresar a esos puntos a fin de comprender el texto. El salto atrás es una especie de tic visual, un regreso inconsciente y brusco a palabras o frases que acabamos de leer. Por lo general, el lector casi nunca es consciente de lo que le sucede.

El salto atrás y la regresión aumentan el número de fijaciones por líneas, haciendo más lento el proceso de lectura. Ambos hábitos son, por regla general, innecesarios. Los estudios realizados sobre la relectura consciente del material indican que los lectores que estaban seguros de que necesitaban regresar a ciertas palabras o partes del texto para comprenderlas arrojaban cambios mínimos de comprensión cuando no se les permitía hacerlo. Más que una cuestión de comprensión, se trata de tener confianza en la capacidad del cerebro.

El método para eliminar o reducir estos hábitos tiene una doble vertiente.

En primer lugar, es necesario forzarse a no releer las partes que uno cree no haber comprendido.

En segundo, se debe aumentar gradualmente la velocidad para mantener un ritmo uniforme de los movimientos oculares. Tanto la velocidad como el ritmo dificultan el salto atrás y la regresión y, aunque resulte paradójico, mejoran la comprensión.

Estos cuatro problemas -vocalización, subvocalización, regresión y campo visual reducido- pueden ahora dejar de considerarse los principales obstáculos en que tanta gente los ha convertido, pues no son otra cosa que vicios que pueden corregirse con la ejercitación que te proponemos aquí.

Los principios para ir controlando el número de tus fijaciones son los siguientes:
 

a) No comiences nunca las líneas por la primera letra de la primera palabra, porque de este modo desperdiciará gran parte de su capacidad perceptiva. Todo lo que se encuentra a la izquierda del punto de fijación permanece en blanco (las líneas verticales indican el lugar del renglón donde deben realizarse las fijaciones). Volver atrás en la lectura constituye uno de los frenos característicos que impiden leer con rapidez. El buen lector debe aprender a evitar las regresiones.
 

b) No realices nunca la fijación final de la línea en las últimas letras de la última palabra, porque tampoco aprovechará todo el campo visual a la derecha de su punto de fijación.

 

c) Posees ya dos fijaciones establecidas: en una página existe un margen izquierdo y otro derecho. Tu representación mental deberá correr dichos márgenes -por lo menos un centímetro-, hacia la derecha el margen izquierdo y hacia la izquierda el margen derecho. Entre dichos límites no te resultará difícil proponerse el número aproximado de fijaciones. Por ejemplo: tres al principio, para luego reducirlas a dos y a una, sucesivamente. Contando las otras dos fijaciones establecidas, se obtendrá un resultado de cinco, cuatro y tres, respectivamente.

La distensión es el estado ideal de relajamiento físico y mental que nos permitirá una total concentración en el tema que leamos. Es conveniente no estar sujeto a tensiones físicas ni psicológicas; es decir, debemos estar despiertos, pero serenos, listos para recibir toda la información que puedan transmitir nuestros sentidos.

La tranquilidad es el conjunto de circunstancias que hacen que el ambiente en que estamos nos resulte agradable. Es preferible que la habitación nos resulte familiar para evitar que cualquier novedad distraiga nuestra atención. También es importante que la comodidad ambiental no sea excesiva porque nos produce somnolencia.

Si el texto que leemos nos interesa es obvio que pondremos mucha atención al leerlo. Este es un fenómeno corriente, puesto que el interés es el más fuerte incentivo para despertar nuestra atención.

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