IDEAS O FRASES SECUNDARIAS
Aunque pueden encontrarse
a veces párrafos que no contienen más que una idea y una sola frase,
lo más frecuente es que cada párrafo esté compuesto por un conjunto
de diversas frases. Una de ellas suele expresar la idea del autor de
un modo más claro y más total que el resto: es lo que llamábamos la
frase principal. Ella contiene la idea central del párrafo. Las
demás frases le sirven al autor para desarrollar de un modo más
detallado todos los aspectos de implicaciones, que él tenía en
mente, cuando escribió la frase principal.
Ya hemos visto la importancia que tiene el saber localizar
rápidamente la frase principal. Esto nos pone directamente en
posesión del núcleo central del párrafo. Descubrir la frase
principal es captar de inmediato la esencia misma el párrafo.
Esta habilidad, abre enormes posibilidades para el lector. Leer
pendiente de las ideas es introducir un valioso elemento de
dinamismo en la lectura. Saber captar y comprender con rapidez
la idea central es iluminar de golpe todo el conjunto del párrafo
poniéndonos en situación de poder recorrer rápidamente todo su
contenido. La correcta comprensión de la idea principal nos da la
posibilidad de comprender acertadamente el valor y alcance de las
diversas partes complementarias que integran el párrafo.
Pero para perfeccionar el modo de leer cada párrafo es muy útil
también que tengamos una idea clara del modo como las demás
frases del párrafo, las frases secundarias, pueden ir ampliando,
desarrollando o matizando la idea expuesta en la frase principal.
Esto es lo que vamos a ver ahora.
En general, hay cuatro formas de
desarrollar la idea central a través de las frases secundarias:
·
Por repetición
·
Por contraste
·
Por ejemplificación
·
Por justificación
Por repetición:
cuando se mantiene exactamente el mismo contenido de la frase
principal, variando implemente las palabras. Muchos de los
párrafos que comienzan estableciendo la idea central en su primera
frase, suelen terminar con otra frase, semejante a la primera en
la que a modo de conclusión se vuelve a repetir la idea
fundamental. Pero también pueden encontrarse este tipo de frases
en cualquier otra parte del párrafo.
Por
contraste: estas frases son
muy eficaces para hacer resaltar la idea principal. El autor
quiere impresionarnos y dejar bien claro cuál es su verdadero
pensamiento, indicando y rechazando de plano lo que no es su
pensamiento.
Por ejemplificación:
los ejemplos sirven para hacernos comprender el alcance de la idea
principal a través de casos y aplicaciones concretas. Una
verdadera comprensión de la idea central haría superfluos los
ejemplos, de modo que pueden, muy bien, ser pasados por alto
cuando existe esa comprensión. Pero en la práctica los ejemplos
suelen ser una de las mejores ayudas para llegar a comprender d
verdad lo que iba implicado en la afirmación general.
Por justificación:
este tipo de frases contienen razones o argumentos que apoyan la
afirmación establecida en la frase principal. Ayudan a su mejor
comprensión en el sentido de que una idea se entiende más
profundamente en la medida que conocemos mejor cuáles son los
fundamentos lógicos o racionales que la sostienen y apoyan.
Estos son los diversos modos cómo las frases subordinadas
contribuyen a aclarar y desarrollar el contenido de la idea
principal.
A modo de ejemplo vamos a transcribir un párrafo algo extenso
sacado de la obra La incógnita del hombre, de Alexis Carrel.
“Cualesquiera que sean nuestras penas o
nuestras alegrías, y la agitación del mundo, nuestros órganos
apenas si varían su ritmo interior. Los cambios químicos de las
células y de los humores continúan imperturbables. La sangre late
en las arterias y corre a una velocidad casi constante por los
innumerables capilares de los tejidos. Existe una notable
diferencia entre la regularidad de los fenómenos que se producen
dentro de nuestro cuerpo y la extraordinaria variabilidad de
nuestro medio ambiente. Nuestros estados orgánicos son muy
estables. Pero su estabilidad no equivale a un estado de reposo o
de equilibrio. Se debe, por el contrario, a la incesante actividad
de todo el organismo. Para mantener la constancia de la
composición de la sangre y la regularidad de su circulación se
requiere un número inmenso de procesos fisiológicos. La
tranquilidad de los tejidos está asegurada por medio de los
esfuerzos convergentes de todos los sistemas funcionales. Y cuanto
más violenta e irregular es nuestra vida, mayores son estos
esfuerzos. Porque la brutalidad de nuestras relaciones con el
mundo cósmico no debe nunca turbar la paz de las células y de los
humores de nuestro mundo interior’.
En este párrafo no existe una
palabra única que se repita a lo largo de las distintas frases:
pero sí podemos observar la presencia de varias palabras
semejantes que desempeñan el papel de palabra dominante y que
apuntan a un mismo objeto o tema fundamental: ritmo,
imperturbables, constantes, regularidad, estables, estabilidad,
reposo, equilibrio, constancia, tranquilidad.
¿Cuál es la frase en que el autor hace la afirmación más general
sobre la palabra o tema dominante?
Quizá usted ya la haya descubierto. Es la primera:
‘Cualesquiera que sean nuestras penas y nuestras alegrías, y la
agitación del mundo, nuestros órganos apenas si varían su
ritmo interior’.
Observe cómo las demás frases no son más que un desarrollo o
ampliación de la frase principal. Cada una aporta un matiz
particular o aclara una faceta especial del tema fundamental.
Unas repiten la misma idea principal:
‘Los cambios químicos de las células y de
los humores continúan imperturbables’.
Otras son ejemplos:
‘La sangre late en las arterias y corre a
una velocidad casi constante por los innumerables capilares de los
tejidos’.
O contienen una comparación:
‘Existe una notable diferencia entre la
regularidad de los fenómenos que se producen dentro de nuestro
cuerpo y la extraordinaria variabilidad de nuestro medio
ambiente’.
O insisten de nuevo en la idea principal:
‘Nuestros estados orgánicos son muy
estables’.
O rechazan una falsa idea de lo que es el ritmo interior:
‘Pero su estabilidad no equivale a un
estado de reposo o de equilibrio’.
O exponen su verdadera causa:
‘Se debe, por el contrario, a
la incesante actividad de todo el organismo’.
O indican los medios que aseguran la tranquilidad del ritmo:
‘Para mantener la constancia de la
composición de la sangre y la regularidad de su circulación se
requiere un número inmenso de procesos fisiológicos.
‘La tranquilidad de los tejidos está
asegurada por medio de los esfuerzos convergentes de todos los
sistemas funcionales’.
O hacen una comparación:
‘Y cuanto más violenta e irregular es
nuestra vida, mayores son estos esfuerzos’.
O exponen de nuevo la idea
principal haciendo resaltar su carácter básico dentro de la vida
orgánica:
‘Porque la brutalidad de nuestras
relaciones con el mundo cósmico no debe nunca turbar la paz de las
células y del os humores de nuestro mundo interior’.