PRESENTACIÓN
Salas
Parrilla (1990: 275) recomienda que la presentación del trabajo sea correcta y
cuidada. Rowntree (1976: 92); que te cerciores que la última redacción es
limpia y correcta; y que no te obsesiones con la idea de acabar. Race (2003:
71-72) aconseja que utilices los correctores de ordenador (aunque no siempre
aciertan). Lo mejor en caso de duda es pedir a alguien que nos lo explique.
Muestra a un amigo, a un tutor amable algún escrito tuyo y pídeles que te digan
“qué tal está la gramática”. Prueba con dos o tres personas y con el mismo
fragmento. Obtendrás respuestas distintas, pero merecerá la pena considerar
aquello en que coincidan.
Para
desarrollar tu estilo, Race (2003: 72-73) recomienda:
Practicarlo
cuando escribas algo informal;
Comprobarlo
con otras personas (toda retroalimentación es útil);
Fíjate en
cómo transmiten el mensaje los periodistas;
Estudia los
estilos que más se utilizan en tu disciplina
Averigua los
estilos que prefieren las personas que van a evaluar el tuyo.
En
general, explica el autor (2003: 73-74) en las asignaturas de humanidades,
ciencias sociales y estudios literarios, la elocuencia del estilo tiene mucho
valor en la evaluación. También es en estas disciplinas donde es más probable
que los evaluadores valoren los estilos más personales. En ciencias e
ingeniería hay un mayor consenso sobre el estilo y es posible que se insista
más en los contenidos factuales de lo que se escribe y en la lógica del orden
en que se exponen las conclusiones, las ideas, las comparaciones, etc. También
es habitual emplear frases como “se observó que” más que “he observado que”, es
decir, se suele emplear más la tercera persona de la pasiva.
En
las disciplinas de económicas y empresariales, el énfasis de algunas áreas
temáticas puede estar más en el razonamiento automático y en la toma de
decisiones. También aquí el estilo elocuente distingue a los mejores candidatos
del resto. Sin embargo, el estilo sofisticado está bien siempre que exprese de
forma clara y rápida lo que se quiera decir.
En
matemáticas también existe un “estilo” de resolver los problemas. Se te
valorará mejor si das la respuesta correcta de la forma más práctica y directa
y dejando claro cómo llegaste a ella. Los evaluadores y examinadores pierden la
paciencia ante respuestas largas y con muchos circunloquios, aunque al final la
respuesta sea la correcta. Además, si en los exámenes vas divagando, te
penalizas a ti mismo, porque pierdes un tiempo que podrías dedicar a otras
preguntas.
Has
de escribir con letra clara y legible; evita las tachaduras, los borrones y las
llamadas para añadir información de última hora. Lo habitual, hoy día, es
presentar los trabajos escritos a máquina o a través de un procesador de
textos. Se ha de procurar escribir a doble espacio y reservar el triple para el
inicio de párrafo nuevo.
Si
ya dominas el ordenador, ya sabrás que resulta mucho más fácil corregir y
mejorar los escritos con el procesador de textos que con lápiz y papel. Sin
embargo, te habrás dado cuenta también de que a veces necesitas ver el trabajo
impreso y no en la pantalla. Es difícil hacerse una idea de un trabajo extenso
con sólo mirar a la pantalla. Es más fácil hojear las páginas de la copia
impresa que subir y bajar el texto por la pantalla.
Si
trabajas con el ordenador, puedes ajustar continuamente el orden en que
presentes las ideas, cortando y pegando fragmentos, párrafos y apartados
enteros. Race (2003: 75-76)
Los
dibujos y las fotografías han de ser ubicados oportunamente y han de ir
acompañados por un pie explicativo.
Para
destacar y diferenciar los enunciados principales de los secundarios, has de
usar letras mayúsculas, subrayados, colores o enumeraciones.
Cuida
la ortografía y el estilo. Race (2003: 71-72) recoge lo siguiente con respecto
a los signos de puntuación: cuando se quiere destacar algo es mejor subrayarlo
o emplear la letra cursiva si se utiliza el ordenador. No hay que emplear mucho
la coma dentro de una misma frase. El sujeto normalmente no va separado del
verbo por una coma. Demasiadas comas confunden. Usaremos el punto y coma.
Demasiadas comas confunden. Usaremos el punto y coma para dividir en dos partes
una frase larga o para señalar una pausa más larga; en la práctica el punto y coma
es el signo que peor se emplea. También se suelen usar mal los dos puntos. Su
uso correcto es:
Antes de una
explicación, por ejemplo: “Tuvimos que cancelar el viaje: el coche no arrancó”;
Antes de una
lista, por ejemplo: “Los puntos más importantes son los siguientes:”;
para
introducir una cita;
en los
títulos, para separarlos de los subtítulos;
en los
títulos de figuras y tablas, por ejemplo: “Figura 4: Mapa de…”
En
la primera página o portada ha de figurar la siguiente información:
Título del trabajo
Asignatura
para la que se ha elaborado
Profesor que
ha encargado el trabajo
Nombre del alumno
Clase a la
que pertenece
Fecha de redacción.
En
la segunda página va el índice. Sirve para dar una orientación general de la
estructura del trabajo.
A
continuación, figura el desarrollo del trabajo. Éste consta de introducción,
desarrollo y conclusiones.
En
cada hoja procura guardar los márgenes recomendados: 3,5 cm a la izquierda, 2,5 a la derecha, 3,5 arriba y 3 abajo. Así tu trabajo ganará en vistosidad y presentación.
A
continuación del trabajo propiamente dicho van los apéndices, los mapas, las
tablas, las estadísticas, etc., que sirven para avalar los datos expuestos y
que, al situarse aquí, no rompen la coherencia interna de la exposición.
Las
referencias bibliográficas y notas de las citas, a veces, en lugar de ir a pie
de página van en un apartado especial, tras los apéndices y antes de la
bibliografía.
Al
final va la bibliografía consultada, en ella se ordenan los autores referidos
según el orden alfabético de sus apellidos.
La
última página va en blanco.
Maximizar
las primeras (y las últimas impresiones)
Comenzar
con fuerza
Race
(2003: 82-84) concede mucha importancia a las primeras y últimas impresiones
porque “imagina que estás evaluando un montón de trabajos como los tuyos” y que
no dispones de mucho tiempo para evaluarlo todo y decidir las notas o las
calificaciones que cada trabajo merece. Querrás averiguar de forma rápida si
son buenos o malos. Y aquí es donde las introducciones son particularmente
importantes. No dispones de otra oportunidad para causar una buena primera
impresión.
¿Qué buscan
los profesores o los tutores en una buena introducción?:
¿Me va a
gustar si sigo leyendo el resto?
¿Afirma ideas
obvias, o avanza ideas interesantes?
¿Es clara y
sin ambigüedades, o tendré que leer cada frase tres veces para averiguar lo que
realmente significa?
¿Demuestra
que este candidato va a abordar de verdad la cuestión o el tema y no se va a
andar por las ramas?
¿Qué se
propone este trabajo?
¿Por qué el
autor ha decidido empezar así?
¿Hará
justicia el resto del trabajo a lo que la introducción promete?
¿Será un
trabajo bueno, excelente, malo o mediocre?
En cualquier
introducción que escribas, procura plantearte estas preguntas. Si consigues que
tus evaluadores esperen que el trabajo que empiezan a evaluar va a ser bueno,
es más probable que busquen las virtudes en lo que sigue. Si ya piensan que va
a ser un mal trabajo, buscarán los defectos con los que ahora esperan
encontrarse. Por eso este autor recomienda reservar la introducción para el
final, y hacerla bien.
Seguir de
forma coherente
Cuando los
evaluadores califican las principales partes de tu trabajo, se hacen entre
otras las siguientes preguntas:
¿Responde realmente la
pregunta o se ajusta al guión tal como se planteó?
¿Reflexiona el estudiante
sobre el tema, o adapta (copia) de trabajos de otras personas?
¿El estudiante ha
utilizado bien la literatura existente, y las referencias se citan y se
relacionan adecuadamente?
¿Las referencias que el
estudiante hace están bien elegidas y son importantes, y no son sólo las
primeras con las que se encontró?
¿El trabajo desarrolla lo
que prometía en la introducción?
¿Se presentó de forma
práctica y coherente?
¿Cada párrafo es realmente
un párrafo en el que se trata una sola idea?
¿Disfruto con la lectura
de este trabajo?
¿Faltan en él cosas importantes?
¿Hay incongruencias o
contradicciones internas en lo que dice el estudiante?
Un
final ejemplar
¿Y el final?
Tampoco hay una segunda oportunidad para causar una buena última impresión. La
forma en que termines tu trabajo va a resonar en la mente de los evaluadores
cuando pasen de leerlo a decidir sobre su calidad. Al cabo de un minuto o dos
de llegar al final de tu trabajo, se ponen a enjuiciarlo. La mejor forma de
terminar un trabajo depende de la cuestión o el tema de que se trate, pero
entre las preguntas que ahora se hacen los evaluadores están las siguientes:
¿El estudiante ha resumido
las principales conclusiones a las que ha llegado en el trabajo?
¿Ha tomado sus decisiones
donde se requerían?
¿Demuestra el trabajo ese
pensamiento crítico que busco?
¿Es un trabajo de primera,
de segunda, o de peor calidad?
¿El candidato da su
opinión donde corresponde hacerlo y no se limita a exponer la de otras
personas?
¿Se ha hecho un buen
trabajo de investigación, se incluyen referencias de las fuentes que yo habría
esperado encontrar y otras?
Los
evaluadores decidirán las notas o calificaciones a partir de preguntas como las
anteriores, mientras recuerdan sobre todo el último párrafo, o los dos últimos,
de tu trabajo. Cuando más les satisfaga tu forma de incluir el trabajo, más
probable es que consigas una buena nota.