¿QUÉ ES LA PRUEBA DE HIPÓTESIS?
Como se ha venido
mencionando a lo largo de este capítulo, las hipótesis
científicas se someten aprueba o escrutinio empírico
para determinar si son apoyadas o refutadas de acuerdo a lo
que el investigador observa. De hecho para esto se formulan.
Ahora bien, en realidad no podemos probar que una hipótesis sea
verdadera o falsa, sino argumentar que de acuerdo con ciertos
datos obtenidos en una investigación particular, fue apoyada o
no. Desde el punto de vista técnico no se acepta una hipótesis a
través de un estudio, sino que se aporta evidencia en su favor o
en su contra. Desde luego, cuantas más
investigaciones apoyen una hipótesis, más credibilidad tendrá
ésta; y por supuesto, es válida para el contexto (lugar, tiempo
y sujetos u objetos) en el cual se comprobó. Al menos lo es
probabilísticamente.
Las hipótesis se
someten a prueba en la realidad mediante la aplicación de un
diseño de investigación, recolectando datos a través de uno o
varios instrumentos de medición
y analizando e
interpretando dichos datos. Y como señala Kerlinger (1979, p.
35): “Las hipótesis constituyen instrumentos muy poderosos
para el avance del conocimiento, puesto que aunque sean formuladas
por el hombre, pueden ser sometidas a prueba y demostrarse como
probablemente correctas o incorrectas sin que interfieran los
valores y las creencias del individuo”.
¿CUÁL ES LA UTILIDAD DE LAS HIPÓTESIS?
Es posible que alguien
piense que con lo expuesto en este capítulo queda claro cuál es el
valor de las hipótesis para la investigación del comportamiento.
Sin embargo, creemos que es necesario ahondar un poco más en este
punto, mencionando las principales funciones de las hipótesis.
1. En primer
lugar, y como ya se dijo, son las guías de una investigación.
El formularlas nos ayuda a saber lo que estamos tratando de
buscar, de probar. Proporcionan orden y lógica al estudio. Son
como los objetos de un plan administrativo. “Las sugerencias
formuladas en las hipótesis pueden ser soluciones a(los)
problema(s) de investigación, silo son o no, efectivamente es la
tarea del estudio” (Selltiz, et al., 1965).
2. En segundo
lugar, tienen una función descriptiva y explicativa, según
sea el caso. Cada vez que una hipótesis recibe evidencia empírica
en su favor o en su contra, nos dice algo acerca del fenómeno al
cual está asociado o hace referencia. Si la evidencia es en su
favor, la información sobre el fenómeno se incrementa; y aun si la
evidencia es en su contra, descubrimos algo acerca del fenómeno
que no sabíamos antes (Black y Champion, 1976).
3. La tercera
función es la de probar teorías, si se aporta evidencia en
favor de una. Cuando varias hipótesis de una teoría reciben
evidencia en su favor, la teoría va haciéndose más robusta; y
cuanto más evidencia haya en favor de aquéllas, más evidencia
habrá en favor de ésta.
4.
Una cuarta
función es la de sugerir teorías (Black y Champion, 1976).
Algunas hipótesis no están asociadas con teoría alguna; pero puede
ocurrir que como resultado de la prueba de una hipótesis, se pueda
construir una teoría o las bases para está. Esto no es muy
frecuente pero ha llegado a ocurrir.
¿QUÉ PASA CUANDO NO SE APORTA EVIDENCIA EN
FAVOR DE LA(S) HIPÓTESIS DE NUESTRA INVESTIGACIÓN?
No es raro escuchar una
conversación como la siguiente entre dos pasantes que acaban de
analizar los datos de su tesis (que es una investigación):
Elena:
“Los datos no apoyan nuestras hipótesis”
Roberto: “ ¿Y
ahora qué vamos a hacer?, nuestra tesis no sirve”
Elena:
“Tendremos que hacer otra tesis”
Es decir, no siempre
los datos apoyan las hipótesis (desde el principio del capítulo se
dijo que el formular una hipótesis no asegura que vaya a
comprobarse). Pero el que los datos no aporten evidencia en
favor de las hipótesis planteadas de ningún modo significa que la
investigación carezca de utilidad. Claro que a todos nos
agrada que lo que suponemos concuerde con nuestra realidad
inmediata. Si afirmamos cuestiones como: “Yo le gusto a Brenda”,
“El grupo más popular de música en esta ciudad es mi grupo
favorito”, “Va a ganar tal equipo en el próximo campeonato
nacional de fútbol”, nos resulta satisfactorio que se cumplan.
Incluso hay quien formula una presuposición y luego la defiende a
toda costa, aunque se haya percatado de que se equivocó. Es
humano. Sin embargo, en la investigación del comportamiento el fin
último es el conocimiento, y en este sentido, también los datos en
contra de una hipótesis proporcionan conocimiento (tal y como se
acaba de comentar: “y aún si la evidencia es en contra de la
hipótesis, sabemos algo acerca del fenómeno que no sabíamos
antes”). Lo importante es analizar por qué no se aportó evidencia
en favor de las hipótesis y contribuir al conocimiento del
fenómeno que se está investigando.
Lo anterior se refuerza
con una cita de Van Dalen y Meyer (1984, p. 193):
“Para que las hipótesis
tengan utilidad, no es necesario que sean las respuestas correctas
a los problemas planteados. En casi todas las investigaciones, el
estudioso formula varias hipótesis y espera que alguna de ellas
proporcione una solución satisfactoria del problema. Al eliminar
cada una de las hipótesis, va estrechando el campo en el cual
deberá hallar la respuesta”.
Y agregan:
“La prueba de hipótesis
falsas” (que nosotros preferimos llamar “hipótesis que no
recibieron evidencia empírica”) “también resulta útil si dirige la
atención del investigador o de otros científicos hacia factores o
relaciones insospechadas que, de alguna manera, podrían ayudar a
resolver el problema”.
COMO PARTE DE LA FORMULACIÓN DE UNA HIPÓTESIS,
¿DEBEN
DEFINIRSE CONCEPTUAL Y OPERACIONALMENTE
LAS
VARIABLES DE ÉSTA?