¿CUÁL ES LA
UTILIDAD DE LA TEORÍA?
Ahora bien, hemos venido comentando que una teoría es útil
porque describe, explica y predice el fenómeno o hecho
al que se refiere, además de que organiza el conocimiento
al respecto y orienta a la investigación que se lleve a
cabo sobre el fenómeno. Y alguien podría preguntar: ¿hay teorías
“malas o inadecuadas”?; la respuesta es “no” (y un “no”
contundente) si se trata de una teoría es porque explica
verdaderamente cómo y por qué ocurre o se manifiesta un fenómeno.
Si no logra hacerlo no es una teoría, podríamos llamarla creencia,
conjunto de suposiciones, ocurrencia, especulación, preteoría o
de cualquier otro modo, pero nunca teoría.
Y por ello algunas personas —y con toda la razón del mundo— ven
poca utilidad en las teorías debido a que leen una supuesta
“teoría” y ésta no es capaz de describir, explicar y predecir
determinada realidad (cuando se aplica no funciona o la mayoría de
las veces no sirve). Pero no es que las teorías no sean útiles; es
que “eso” (que no es una teoría) es lo que resulta inútil. Ahora
bien, no hay que confundir inutilidad con inoperancia en un
contexto específico. Hay teorías que funcionan muy bien en
determinado contexto (por ejemplo, Estados Unidos) pero no en otro
(Guatemala). Ello no las hace inútiles, sino inoperantes dentro de
un contexto.
¿Todas las teorías son igualmente útiles o algunas teorías son
mejores que otras?
Desde luego, todas las teorías aportan conocimiento y ven —en
ocasiones— los fenómenos que estudian desde ángulos diferentes (Littlejohn,
1983), pero algunas se encuentran más desarrolladas que otras y
cumplen mejor con sus funciones. Para decidir el valor de una
teoría se cuenta con varios criterios.
¿Cuáles son los criterios para evaluar una teoría?
Los criterios más comunes para evaluar una teoría, son: 1)
capacidad de descripción, explicación y predicción; 2)
consistencia lógica; 3) perspectiva; 4) fructificación y 5)
parsimonia.
1) Capacidad de descripción, explicación y predicción
Una teoría debe ser capaz de describir y explicar el fenómeno o
fenómenos a que hace referencia. Describir implica varias
cuestiones: definir al fenómeno, sus características y
componentes, así como definir las condiciones en que se presenta y
las distintas maneras en que puede manifestarse.
Explicar
tiene dos significados importantes
(Ferman y Levin, 1979). En primer término, significa incrementar
el entendimiento de las causas del fenómeno. En segundo término,
se refiere “a la prueba empírica” de las proposiciones de las
teorías. Si éstas se encuentran apoyadas por los resultados, “la
teoría subyacente debe supuestamente explicar parte de los datos”
(Ferman, Levin, 1979, p. 33). Pero si las proposiciones no están
confirmadas (verificadas) en la realidad, “la teoría no se
considera como una explicación efectiva” (Ferman y Levin, 1979, p.
33).
La predicción
está asociada con este segundo significado de explicación —que depende de
la evidencia empírica de las proposiciones de la teoría— (Ferman y
Levin, 1979). Si las proposiciones de una teoría poseen un
considerable apoyo empírico (es decir, han demostrado que ocurren
una y otra vez tal y como lo explica la teoría) es de esperarse
que en lo sucesivo vuelvan a manifestarse del mismo modo (tal y
como lo predice la teoría). Por ejemplo, la teoría de la relación
entre las características del trabajo y la motivación intrínseca
explica que “a mayor variedad en el trabajo, mayor motivación
intrínseca hacia éste”. Entonces debe ser posible pronosticar el
nivel de motivación intrínseca —al menos parcialmente— al observar
el nivel de variedad en el trabajo.
Cuanta más evidencia empírica
apoye a la teoría,
mejor podrá ésta describir, explicar y predecir el fenómeno o
fenómenos estudiados por ella.
2)
Consistencia lógica
Una teoría
tiene que ser lógicamente consistente. Es decir, las proposiciones
que la integran deberán estar interrelacionadas (no puede contener
proposiciones sobre fenómenos que no están relacionados entre sí),
ser mutuamente excluyentes (no puede haber repetición o duplicación)
y no caer en contradicciones internas o incoherencias (Black y
Champion, 1976).
3)
Perspectiva
La perspectiva se refiere al nivel de generalidad (Ferman y
Levin, 1979). Una teoría posee más perspectiva cuanto mayor
cantidad de fenómenos explique y mayor número de aplicaciones
admita. Como mencionan Ferman y Levin (1979, p. 33), “el
investigador que usa una teoría abstracta” (más general) “obtiene
más resultados y puede explicar un número mayor de fenómenos”.
4)
Fructificación (heurística)
La fructificación es “la capacidad que tiene una teoría de
generar nuevas interrogantes y descubrimientos” (Férman y Levin,
1979, p. 34). Las teorías que originan —en mayor medida— la
búsqueda de nuevos conocimientos son las que permiten que una
ciencia avance más.
5)
Parsimonia
Una teoría parsimoniosa es una teoría simple, sencilla. Éste
no es un requisito, sino una cualidad deseable de una teoría. Sin
lugar a dudas, aquellas teorías que pueden explicar uno o varios
fenómenos en unas cuantas proposiciones (sin dejar de explicar
ningún aspecto de ellos) son más útiles que las que necesitan un
gran número de proposiciones para ello. Desde luego, sencillez no
significa superficialidad.
¿QUÉ ESTRATEGIA SEGUIMOS PARA
CONSTRUIR EL MARCO TEÓRICO: ADOPTAMOS UNA TEORÍA O DESARROLLAMOS
UNA PERSPECTIVA TEÓRICA?