CONSULTA
DE
LA LITERATURA
Una vez
que se han localizado físicamente las fuentes primarias (la
literatura) de interés, se procede a consultarías. El
primer paso consiste en seleccionar aquellas que serán de utilidad
para nuestro marco teórico específico y desechar aquellas que no
nos sirven (en ocasiones una fuente primaria puede referirse a
nuestro problema de investigación pero no sernos útil, porque no
enfoca el tema desde el punto de vista que se pretende establecer,
nuevos estudios han encontrado explicaciones más satisfactorias o
invalidado sus resultados- o desaprobado sus conclusiones, se
detectaron errores de metodología, se realizaron en contextos
completamente diferentes al de la actual investigación, etc.). En
el caso de que la detección de la literatura se haya realizado
mediante compilaciones o bancos de datos donde se incluía un breve
resumen de cada referencia, se corre menos riesgo de haber elegido
una fuente primaria o referencia que no vaya a ser útil.
Actualmente, las fuentes primarias más utilizadas para
elaborar marcos teóricos —en todas las áreas de conocimiento— son
los libros, las revistas científicas y las ponencias o trabajos
presentados en congresos, simposios y otros eventos similares,
porque —entre otras cosas— son las fuentes primarias que
sistematizan en mayor medida la información, generalmente
profundizan más el tema que desarrollan, cuesta menos dinero
obtenerlas y utilizarlas, y son altamente especializadas.
En el
caso de libros, para poder decidir si nos es útil o no, lo
conveniente —por cuestión de tiempo— es comenzar analizando la
tabla o índice de contenidos y el índice analítico o de materias (subject
index), los cuales nos darán una pauta sobre si el libro nos sirve
o no. Tratándose de artículos de revistas científicas, lo más
adecuado es primero revisar el resumen, y en caso de que se
considere de utilidad, se revisan las conclusiones, comentarios o
discusión al final del artículo o toda la referencia.
Con el
propósito de seleccionar las fuentes primarias que servirán para
elaborar el marco teórico, es conveniente hacerse las siguientes
preguntas: ¿se relaciona la referencia con mi problema de
investigación?, ¿cómo?, ¿qué aspectos trata?, ¿desde qué
perspectiva aborda el tema?: ¿psicológica, antropológica,
sociológica, comunicológica, administrativa? La respuesta a esta
última pregunta es muy importante. Por ejemplo, si nuestra
investigación pretende estudiar la relación entre superior y
subordinado en términos del efecto que la retroalimentación
positiva del primero tiene en la motivación de logro del segundo
(y. gr., que el superior felicite el subordinado cuando
éste realice adecuadamente sus tareas laborales, le premie
verbalmente, hable muy bien de su desempeño ante los demás
compañeros de trabajo), la investigación tiene un enfoque
principalmente comunicológico. Supongamos que nos encontramos un
artículo que versa sobre la relación superior o jefe-subordinado,
pero habla más bien de las atribuciones administrativas que cierto
tipo de subordinados tiene en determinadas empresas (los
encargados de auditoría con respecto a sus gerentes en despachos
de asesoría contable). Este artículo se elimina porque enfoca el
tema desde otra perspectiva. Desde luego, ello no implica que en
muchas ocasiones no se acuda a otros campos de conocimiento para
completar la revisión de la literatura; en algunos casos se
encuentran referencias sumamente útiles en otras áreas.
En lo
que se refiere al apoyo bibliográfico, algunos
investigadores consideran que no debe acudirse a obras elaboradas
en el extranjero, porque —según argumentan— la información que
presentan y las teorías que sostienen fueron elaboradas para otros
contextos y situación. Aunque eso es cierto, no implica que deba
rechazarse o no utilizarse tal material; la cuestión es cómo
usarlo. La literatura extranjera puede ayudar al
investigador nacional de diversas maneras: puede ofrecerle un buen
punto de partida, guiarlo en el enfoque y tratamiento que se le
dará al problema de investigación, orientarlo respecto a los
diversos elementos que intervienen en el problema, centrarlo en un
problema específico, sugerirle cómo construir el marco teórico,
etcétera.
En
muchas ocasiones los resultados de investigaciones efectuadas en
el extranjero pueden diferir de los que se obtengan en nuestro
país. Hecho que no siempre ocurre, puesto que hay diversos
fenómenos del comportamiento que presentan varias similitudes en
contextos distintos (y. gr., los factores que determinan la
inteligencia, la motivación laboral, la memoria, el aprendizaje de
conceptos, la personalidad autoritaria, el desarrollo del
noviazgo, la delincuencia juvenil); negarlo significaría rechazar
que se pueden establecer principios generales de la conducta
humana). Pero esto no implica que se tenga que prescindir de
dichas investigaciones (a veces las teorías —en esencia— son las
mismas, pero la manera en que se aplican difiere solamente en
algunos aspectos e incluso en detalles). Un caso ilustrativo lo
fueron los estudios de Rota (1978), cuyo propósito primordial fue
analizar el efecto que la exposición a la violencia televisada
tiene en la conducta agresiva de los niños. Cuando el autor citado
revisó la literatura encontró que —prácticamente— no se habían
realizado estudios previos en México, pero que en Estados Unidos
se habían llevado a cabo diversas investigaciones y que, incluso,
se poseían distintas teorías al respecto (teoría del
reforzamiento, teoría de la catarsis y las teorías de los efectos
disfuncionales). El autor se basó en la literatura norteamericana
y comenzó a efectuar estudios en nuestro país. Sus resultados
difirieron de los encontrados en los Estados Unidos, pero los
antecedentes localizados en esta nación constituyeron un excelente
marco de referencia y un punto de partida para sus
investigaciones.
Una vez
que se seleccionaron las referencias o fuentes primarias útiles
para el problema de investigación, éstas se revisan
cuidadosamente y se extrae la información necesaria para después
integrarla y desarrollar el marco teórico. Al respecto, es
recomendable anotar todos los datos completos de identificación de
la referencia (como se mencionará a continuación). Desde luego,
podría darse el caso de que estemos revisando una referencia, y
por alguna razón ésta tenga que devolverse inmediatamente y no sea
posible recuperarla sino hasta dentro de un largo plazo (digamos
un mes). Entonces podemos anotar los datos necesarios para volver
a localizarla, evitando así que se nos olviden. Pueden darse
algunas situaciones que hagan conveniente anotar, por lo pronto,
las referencias completas (cierres de bibliotecas o videotecas,
por ejemplo), para después recopilar toda la demás información que
se requiera. En estos casos, y si estamos acudiendo a varias
bibliotecas para localizar fuentes primarias, también conviene
anotar el lugar donde se localiza la referencia e incluso —de ser
posible— su clave dentro del sistema de clasificación de la
biblioteca, hemeroteca o videoteca (o similar).
EXTRACCIÓN Y RECOPILACIÓN DE LA
INFORMACIÓN DE INTERÉS EN LA LITERATURA