Inteligencia
Emocional
en los Estudios

LA
MOTIVACIÓN EN EL ESTUDIO
Y EL APRENDIZAJE
El gran
filósofo norteamericano Ralph W. Emerson escribió:
‘Ninguna gran empresa se llevó a cabo sin entusiasmo’.
Y no es posible
tener entusiasmo si se carece de un motivo.
Motivación y
motivo son términos estrechamente ligados. Estas palabras derivan
del verbo latino movere, que significa “moverse”, “poner en
movimiento”, “estar listo para la acción”.
Cuando la meta final es estimada como muy valiosa, y los
obstáculos son superables, o cuando posees férrea voluntad, estarás
fuertemente motivado. Si las clases de una materia te desagradan,
serás no obstante capaz de atender y esforzarte, porque la meta
última (recibirte y trabajar de lo que te gusta, con posibilidades
de progreso) da sentido a tu situación presente.
Si no tienes motivos para aprender:
·
Te preguntarás para qué necesitas
estudiar.
·
No verás el sentido de lo que
haces.
·
No tendrás aparentemente ningún
interés, necesidad o impulso que te mueva a estudiar.
Es indispensable un manejo adecuado de los incentivos.
Habrás de crear
motivos que no existen. Ello es posible si te vales de tus necesidades
e intereses, que te servirán de “anzuelo” para despertar en forma
colateral o derivada el interés por la tarea a realizar.
Las formas
de motivación
Hay autores que consideran que una
motivación es intrínseca cuando el individuo hace o aprende algo
estimulado, incitado o atraído por la misma actividad. Por
ejemplo, aprender a resolver teoremas por el placer o la satisfacción
que produce la actividad en sí, indicaría una motivación intrínseca.
En cambio,
cuando el alumno realiza dicha actividad para obtener premios,
notas, para aprobar un examen, la motivación es extrínseca.
Para estimular
el aprendizaje, despertar el interés, etc., habrá que manejar
adecuados incentivos, que podrán ser vistos como objetivos o
metas que satisfagan una necesidad real, en cuyo caso la
motivación es intrínseca, pues la actividad servirá en sí misma
de incentivo para “lanzarse a ella”; o bien incentivos extrínsecos
en forma de premios. Nos podemos elogiar, darnos palabras de aliento,
etc., para realizar la actividad propuesta, no porque nos proporcione
un placer sino, por ejemplo, para no perder la estimación del
profesor, de los demás o de uno mismo.
Para que un
incentivo sea realmente eficaz, tiene que relacionarse, de una u otra
forma, con tus motivos reales. Ningún incentivo será eficaz si
no se relaciona, de algún modo, con tus motivos personales.
LA
MOTIVACIÓN POSITIVA
La motivación positiva está
orientada hacia una meta libremente elegida, pero la
motivación negativa surge del miedo, la coerción,
las presiones psicológicas o físicas, etc.
La segunda,
además de que puede resultar perniciosa, jamás puede compararse
a la primera. El temor puede producir cambios extraordinarios
en períodos cortos, pero la aspiración perdura como fuente
continua de aprendizaje y crecimiento.
Porque no hay
nada más fuerte y poderoso, para el individuo, que sentir que tiene
una misión por cumplir.
LOS TRES ELEMENTOS DE LA MOTIVACIÓN
Toda motivación parece constar de tres factores básicos:
1) El
deseo.
2) El
poder. Si alguien
desea lo imposible, lo que sabe positivamente que es
inalcanzable para él, no tendrá una verdadera motivación,
intensa y sostenida.
3) El
deber. No existe meta a la que uno pueda aspirar a llegar,
sin hacer absolutamente nada. El secreto de la motivación
estriba en que uno debe poner algo de sí mismo para lograr lo
que desea.
Estos tres elementos deben aunarse para alcanzar
y sostener la verdadera motivación.
MOTIVACIÓN Y CAPACIDAD