SÉ DILIGENTE
Para el estudiante muy
diligente y disciplinado, la mayoría de lo que se dice en este
libro es algo archisabido. Sin embargo, para la gran mayoría de
los estudiantes que dejan el repaso para los últimos días del
final del curso, la diligencia y la disciplina pueden ser
cualidades tan accesibles como el espejismo de un oasis en el
horizonte del desierto.
La diligencia y la disciplina son objetivos muy
importantes que han de ser perseguidos con tenacidad por más
difíciles que resulten de alcanzar en la mayor parte de las
ocasiones.
¿Cómo pueden los candidatos a superar un examen conseguir estas
deseables y elusivas cualidades? Tal vez un acrónimo basado en la
letra R sea apropiado: tendrás que ser Riguroso/a;
establecer una Rutina; y hacer del repaso un Ritual.
Ser riguroso
Llegar a ser riguroso contigo mismo/a y con tus estudios puede ser
un ejercicio difícil, especialmente si tus hábitos de estudio han
sido tan rigurosos y tan ordenados como un plato lleno de
espaguetis.
Sin embargo, no todo está perdido si tomas la
determinación de trabajar diligente y conscientemente durante las
x semanas siguientes (siendo x el número de semanas que quedan
hasta el examen).
Será algo duro, pero profundizando en tus recursos
internos, es seguro que encontrarás algunas reservas ocultas que
puedan ser utilizadas.
Habla con un amigo íntimo o con un consejero fiable (un profesor
o tutor) que tenga capacidad para encontrar esas reservas de
talento.
Te estás enfrentando a una tarea muy exigente que necesitará un
gran esfuerzo durante las siguientes semanas. Bien cierto es que
cada día, prácticamente cada hora, cuenta y mucho.
Programa las reuniones con tu «ayudante externo» sobre una base
periódica, para analizar tu progreso y para motivarte para el
siguiente esfuerzo de tus estudios.
Si estás planeando motivarte haciéndose un diploma y poniéndolo
donde puedas verlo a todas horas, o de alguna otra manera más o
menos legítima, adelante, es una buena idea para aumentar tus
progresos diarios. Compara la cantidad de trabajo que realizas con
la que estableciste en tus objetivos. Planea una celebración
después de los exámenes, pero de momento continúa con el repaso.
Establecer una
rutina
La
segunda R, establecer una rutina, puede ser menos difícil.
Afortunadamente, todos somos de alguna manera esclavos del hábito
y la rutina. Piensa en las actividades realizadas por la mañana
temprano. Probablemente cepillaste tus dientes en el mismo lugar
de la secuencia de hechos que lo hiciste ayer y que probablemente
lo harás también mañana.
De igual manera que te vistes, desayunas y sales de
casa o de tu habitación de una manera rutinaria la mayoría de los
días, puedes aplicar el mismo comportamiento rutinario a tus
repasos. Esto significa prepararse una hora y un lugar para tu
repaso para el examen y estar allí dispuesto a comenzar a la hora
señalada.
Establecer una rutina puede hacer que tu trabajo de
repaso sea considerablemente más fácil, ya que no te enfrentas con
la decisión: «¿Debería ponerme ahora a estudiar, o hacer X, Y o
Z?”. La respuesta ya ha sido contestada por ti al comienzo del
período de preparación.
Durante los primeros días, cuando tal vez experimentes algunas
dificultades para ceñirte a tu recién establecida rutina, pon una
alarma o pide a un amigo que te recuerde: «Ahora son las siete en
punto». La señal horaria activará tu comportamiento de estudio o
por lo menos conseguirás que te vayas a tu mesa de estudio. Al
cabo de unos pocos días, encontrarás cada vez más fácil centrarte
con los libros y apuntes en el momento establecido.
HACER
DEL REPASO UN RITUAL