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Es el aprendizaje del estudiante y su participación el logro deseado."
(Unesco, 1995)
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Cómo Triunfar
en los Exámenes

PROBLEMAS QUE
AFECTAN
AL RENDIMIENTO EN EL EXAMEN
Esta parte final se puede considerar una
especie de clase clínica para el tratamiento de problemas. Las
secciones anteriores han descrito cómo debes
prepararse para los exámenes y cómo actuar de la mejor manera una
vez que se ha entrado en la sala. Sin embargo, los examinandos
tropiezan ocasionalmente con una variedad de problemas durante el
propio examen. Esta sección se refiere a diversos problemas de
esos, especialmente los ataques de pánico, los bloqueos de
memoria, el «calambre del escritor» y la fatiga en general. Se da
por supuesto que has estado preparándote a fondo para tu
examen. El pánico nace de la incertidumbre, así que cuanto más
sepas, menos probable será que experimentes un ataque de pánico.
El mejor tratamiento para los ataques de pánico y los otros
problemas que se tratan en esta sección es la prevención.
Ataques de pánico
Parece ser que la experiencia de un ataque de
pánico no necesita descripción. La mayoría de la gente ha
experimentado por lo menos un ataque de pánico, aunque haya sido
muy breve y transitorio. Tanto si se ha experimentado un ataque en
el marco de un examen como en otro contexto, los síntomas son muy
parecidos. Normalmente, existe un ritmo acelerado del corazón, un
aumento del ritmo respiratorio, sudores y tal vez
algún tipo de mareo. Para los que
se presentan a examen, las manifestaciones mentales son las más
importantes.
Generalmente, la mente está llena de todo tipo de
pensamientos catastróficos, desde «voy a suspender» hasta “no sé
lo que estoy haciendo en este examen, tengo que marcharme”. La
presión en un examen en estas condiciones es muy dura.
Como se sugiere arriba, el mejor tratamiento para los ataques de
pánico es la prevención. Si los has experimentado en exámenes
previos, es mejor trabajar con la suposición de que los puedes
experimentar de nuevo. Habiéndote enfrentado a esta posibilidad
está en tu mano prepararte tan profundamente que no quede
resquicio alguno por donde pueda filtrarse la incertidumbre que
generaría un posible ataque.
Existen dos aspectos importantes para reducir las probabilidades
de que se produzcan futuros ataques de pánico. El primer aspecto
concierne a la preparación de tus estudios: deberías saber la
materia lo mejor que pudieses, de manera que tuvieras una gran
confianza en ti mismo/a el día del examen. La mayoría de los
candidatos experimentan el pánico por su falta de confianza en su
preparación. Normalmente, han dejado sus repasos para los últimos
días del trimestre o del año y han descubierto que no tienen
tiempo para aprender bien el material y poder aprobar. Aunque
puedan armarse de valor y confianza en el día del examen, su
valerosa fachada se desplomará rápidamente ante una pregunta que
ponga en evidencia su deficiencia en los estudios. Por lo tanto,
los estudiantes propensos a los ataques de pánico deberían poner
en práctica el consejo que se dio en los primeras secciones: empezar a repasar pronto y no abandonarlo.
Debes
saber el material tan bien que incluso aunque te enfrentes a una
pregunta difícil, estés en disposición de pensar con calma la
respuesta.
El segundo aspecto de prepararse para la eventualidad de un ataque
de pánico concierne al control mental. Las manifestaciones físicas
y mentales del pánico no ocurrirán si ejerces un rígido y
deliberado control sobre lo que esté haciendo tu mente. Puedes decir: «Desde luego que ejerzo un rígido control sobre mi
mente. ¿Quién si no la iba a controlar?» A la mayoría de nosotros
nos gusta creer que tenemos ese firme nivel de control mental que
excluiría la posibilidad del pánico, pero la situación real es que
muy pocos examinandos ejercitan un control cuidadoso de lo que
está ocurriendo en su mente. Ciertamente pueden centrar su
atención en las preguntas y buscar en su mente la información
adecuada; pero el punto crucial es si pueden superar los
pensamientos, fugaces y cargados de inquietud, relacionados con su
éxito o su posible fracaso. Es necesario un rígido control mental
para sobreponerse eficazmente a estos pensamientos perturbadores.
Existen varias maneras de que quienes han de pasar por un examen
puedan desarrollar un control más eficaz sobre su actividad mental
——mediante el condicionamiento mental, la parada del pensamiento y
por medio de la sugestión positiva. Cada una de estas estrategias
se analiza a continuación.
El condicionamiento mental depende del establecimiento de
una reacción condicionada en su mente. La situación es, en cierto
modo, emular al reflejo físico, como la respuesta de la
articulación de la rodilla. En lugar de utilizar un
estimulo físico es mejor uno verbal para la sala de
examen.El objeto del condicionamiento es dotarle de
capacidad para controlar su mente; reaccionar firme y
positivamente a cualquier pensamiento que pueda generar inquietud.
¿Cómo se establece el condicionamiento mental? Existen dos
prerrequisitos. Primero, debes comenzar el proceso por lo
menos varios meses antes del período de exámenes. El
condicionamiento exige tiempo y práctica —el segundo
prerrequisito. La técnica en sí del condicionamiento ha sido
descrita anteriormente. Si has practicado los ejercicios de
relajación descrito anteriormente, y si puedes provocarte una
profunda relajación cuando dices la palabra-estímulo relájate,
estás bien encarrilado para controlar tu mente distraída
y propensa al pánico.
Ahora bien, ¿qué hacer en la sala de exámenes cuando la mente se
«desmanda» y empieza a ser presa del pánico? Al primerísimo
síntoma de un ataque de pánico (probablemente conocerás los
síntomas que se producen dentro de ti mismo/a: pesadez en la
cabeza, temblor de los dedos, mareo, «nudos» en el estómago, por
mencionar unos pocos de los posibles síntomas) fija tus ojos en un
punto, o cierra los ojos y pronuncia «RE-L-Á-J-A-T-E». Visualiza en
tu mente las letras de la palabra «R-E-L-Á-J-A-TE» a medida
que la pronuncias. Repítela unas seis veces para romper la
sensación de pánico. Como tu mente estará ocupada con la palabra
«relájate», tanto en el canal visual como en el auditivo de tu
cerebro, hay poco espacio para pensamientos de pánico. Repite el
proceso tantas veces como sea necesario.
Una segunda estrategia para la prevención de los ataques de pánico
es la parada del pensamiento. Con esta técnica, interrumpes los pensamientos de pánico en su principio mediante la
visualización de una señal roja y blanca de stop. Mientras
estés viendo la señal de stop en tu mente, pronuncia muy
firmemente ¡alto! Puedes añadir también una acción
física como apretar el puño cada vez que dices ¡alto! Haz
que la imaginaria señal luminosa de stop se encienda y se
apague seis veces mientras dices ¡alto! Al final de la serie
centra tu atención en una pregunta de examen que no sea difícil
para restablecer tu confianza. Tal vez tengas que repetir la
secuencia varias veces para evitar que los pensamientos detonantes
del pánico lleguen a afincarse en tu mente. Cuanto más control
tengas sobre lo que esté pasando por tu mente, menos oportunidades
habrá de que se produzca el pánico.
Un tercer enfoque para afrontar los ataques de pánico inminentes
es disminuir tu ritmo respiratorio. Muchos examinandos se
dan cuenta de que cuando se enfrentan a un área difícil del
examen, su ritmo de respiración se acelera y se convierte en un
jadeo. El resultado final de una respiración rápida y jadeante es
que predispone a la inquietud y al posible pánico. Tan pronto como
reconozcas los primeros síntomas de inquietud y posible pánico
piensa en tu respiración. Haz una inspiración larga, lenta y
profunda y luego deja que el aire salga lenta y suavemente. Mantén esta forma regular de respiración, asegurándote por todos
los medios de no volver al ritmo rápido otra vez.
Si tu ritmo respiratorio ha sido rápido y jadeante durante algo de
tiempo podrías advertir que, asociada a la sensación de
inquietud, estás experimentando una sensación de mareo. Es posible
que hayas expulsado demasiado bióxido de carbono, provocando un
desequilibrio químico temporal en su cuerpo. Para restablecer el
equilibrio, pon tus manos unidas delante de la boca y la
nariz y respira dentro de esta especie de mascarilla; otro
procedimiento, estando sentado, es respirar con una bolsa acoplada
a la boca y con la cabeza agachada entre las rodillas. Estos
procedimientos te permitirán volver a respirar parte del bióxido
de carbono exhalado y asegurar un suministro de sangre adecuado al
cerebro. Si te sientes violento ante la idea de hacer estos
ejercicios en la sala de exámenes, pide permiso para ir al lavabo
y hazlos allí. El objetivo que se persigue es volver a conseguir
el equilibrio metabólico y psicológico de manera que puedas volver
al examen y actuar al máximo de tus posibilidades.
Una técnica final para superar el pánico en los exámenes es
reemplazar los pensamientos pesimistas, que en la mayoría de los
casos provocan sentimientos de pánico, por pensamientos
optimistas. ¿Cómo puede llegar a ser una persona más
optimista? Probablemente estarás familiarizado/a con la
respuesta que viene a continuación: práctica. Puede parecer
estúpido, pero diciéndote a ti mismo/a algo como: «Puedo aprobar el
examen de economía», muchas veces al día, puede ayudarle a adoptar
una actitud más optimista acerca del resultado del examen. Repetir
la afirmación positiva propicia una actitud más optimista y
también le impide rumiar ideas pesimistas. Piensa una frase
optimista pertinente y repítetela cada vez que pases por una puerta
o realices alguna actividad frecuente. Es verdaderamente
sorprendente que una técnica tan sencilla pueda afectar tan
positivamente a tu manera de pensar.
BLOQUEOS
DE LA MEMORIA
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