LOS PRINCIPIOS DE LA BUENA ORATORIA (V)
24. Hacer pensar y hacer sentir
La
posibilidad de emocionarse, durante la disertación, no debe
confundirse con sensiblería. No es conveniente abusar de este
elemento, sino utilizarlo como un toque oportuno, sincero y certero.
Es necesario que elijas el momento adecuado para la pincelada emotiva.
El
buen orador debe realzar sus sentimientos; para lograrlo debes relatar
alguna experiencia en primera persona, pues el auditorio siempre
quiere saber qué sientes. No finjas sentimientos, pero tampoco los
reprimas si son auténticos.
“El
puente se establece más de corazón a corazón que de cerebro a
cerebro”.
Todos
nosotros emitimos una aureola, aura o halo, impregnado
con la verdadera esencia nuestra; las personas sensibles
lo conocen; también lo producen nuestros perros y otros animales
domésticos. Algunos de nosotros somos magnéticos, otros no.
Algunos de nosotros somos ardorosos, activos, atractivos,
inspiramos amor y amistad, mientras otros somos fríos,
razonadores, intelectuales, pero no magnéticos. Que un hombre de
este último tipo se dirija al público, y éste no tardará en
cansarse de su discurso intelectual, y manifestará
síntomas de sueño. Les hablará, pero no los interesará;
los hará pensar, pero no sentir, y pensar es lo
más fastidioso para la mayoría de las personas, y pocos son los
oradores que triunfan haciendo pensar únicamente a las
gentes, pues lo que necesitan es que los hagan sentir.
25. APELA AL sentido comun
Es un
elemento indispensable para no caer en el ridículo o en
excentricidades. No sólo debe darse a nivel de las ideas, sino
también en la presencia física (vestimenta, poses, movimientos, etc.).
Oradores con gran material teórico y buenas técnicas fracasan por
falta de criterio y sentido común.
26. AYUDA A TU memoria
Sin
ella jamás se puede ser un buen orador. Hay muchas reglas
mnemotécnicas que suelen ser de gran ayuda para hacer
presentaciones, dar exámenes orales, etc.
27. SÉ honestO
Debes
siempre actuar con la verdad, sin ocultamientos o falsedades. Esto es
algo muy notado por el profesor, examinador o auditorio.
28. SÉ modestO
Nunca
deberás abusar de la ignorancia del auditorio, ni
subestimarlo jamás.
30. SÉ ENTUSIASTA
La
mayoría de los éxitos se deben más al entusiasmo que a la capacidad.
Muchas veces puede compensarse un bajo conocimiento del tema con una
amplia dosis de entusiasmo. Por el contrario, oradores sin ese poder,
fracasan a pesar de su gran capacidad.
31. MANTENTE INFORMADO
Un
buen orador debe mantenerse actualizado. Para ello es conveniente la
confección de carpetas por temas, con varias ideas, que se van
desarrollando y ampliando a través el tiempo.
32. ensaya
TU EXPOSICION
Este
principio se aplica a modo de práctica, a efectos de corregir posibles
errores. Una forma es ante el espejo, tratando de corregir
errores de postura. También es conveniente practicar ante algunas
personas que se encargarán de criticar errores en la exposición.
Una
gran ventaja de la práctica es que sirve para desarrollar el diagrama
memorizado. El discurso no conviene exponerlo en forma leída ni
totalmente memorizado. La práctica debe ser de desarrollo de ideas, y
no de repetición de palabras.
33. NO USES MULETILLAS
Son
aquellas palabras que se utilizan, por lo general, para apoyarse en la
exposición. Son, por ejemplo, los vocablos “bueno”, “esteee”, etc.
Otra muletilla muy frecuente es toser en las pausas.
34.
REPITE
Consiste en la técnica de volver sobre las ideas principales.
Se trata de repetir varias veces, en la exposición, las ideas
fundamentales, siempre con palabras distintas, a efecto de no cansar a
los oyentes.
35. ACUMULA
Cada
idea principal debe ser explicada con complementos y detalles que la
refuercen, desarrollen y aclaren.
36. LIMÍTATE
Es un
principio que está en conflicto con los dos anteriores. Debes saber
como pesar la importancia de las cuestiones que tratas. El principio
de la limitación consiste en la brevedad del discurso. Se
estima en 20 minutos el tiempo máximo de un buen discurso, y
por lo tanto es imposible exponer más de tres ideas principales.
Además, debes programar los detalles y complementos, a efecto de no
cargar demasiado la explicación de alguna idea principal a costa de
otras.
Debes
tener presente que los discursos más largos no necesariamente son los
mejores. Ser conciso y poder abreviar lo que se dice a veces
ayuda a no decir cosas que, por pretender ser demasiado extensivos,
pueden llevarnos a situaciones embarazosas.