LOS PRINCIPIOS DE LA BUENA ORATORIA (II)
4.
Aprende a encauzar la conversación
Los
aportes del profesor que toma el examen o de los oyentes (otros
alumnos o ayudantes de cátedra) resultan muchas veces positivos y te
pueden ayudar. Pero en ciertas ocasiones, hacen que el discurso entre
en un cauce trivial, o se aparte del propuesto primitivamente. Existen
procedimientos para encauzar la conversación; por ejemplo,
decir: “... sus palabras me traen a colación...” o “...eso
me recuerda...”. Cualquier procedimiento empleado debe ser
cuidadosamente escogido, a efectos de no ofender al oyente.
5.
busca IDEAS y aprende a elegir
los TEMAS
Las ideas surgen de la experiencia y de la habilidad que tengas para
manejarla. La persona que tiene ideas puede apelar a ellas en
cualquier momento. No se puede sostener una conversación si no se
tiene algo que decir.
·
En
cuanto al tema, si es que lo puedes elegir, debe ser uno sobre el que
tengas una opinión formada, y si no lo puedes elegir, como en el caso
de un examen, es muy importante que además de la opinión del autor,
puedas incluir la tuya propia o tu mirada especial, para que
puedas hablar con autoridad, y si al mismo tiempo el tema te apasiona,
es éxito asegurado.
·
Si
en lugar de un examen debieras dar una clase especial, o demostrar tu
capacidad como orador, al seleccionar un tema debes buscar dentro de
ti mismo, más concretamente puedes recurrir a:
a)
tus
experiencias
b)
tus
creencias
c)
tus
estudios o tu especialidad dentro del estudio
d)
tus
proyectos
e)
tus
emociones
f)
tus
sentimientos
g)
la
experiencia ajena
6. PROPORCIONA EJEMPLOS
Debes tratar que tu discurso “penetre” fácilmente en el auditorio, o
que tu mensaje llegue fácilmente al profesor que lo examina, y
a veces se choca con el inconveniente de la abstracción de tus ideas.
La correcta ejemplificación, con relatos y objetos concretos,
soluciona el inconveniente y clarifica la exposición.
Si dices: “Los escritores argentinos son muy inteligentes”,
podría suceder que el profesor o algún oyente conozca algunos
escritores que no participen, a su juicio, de esa cualidad, y no
creyera en tu juicio como orador. Entonces sería más correcto decir:
“Los escritores argentinos, como por ejemplo
xx, yy, etc, son muy
inteligentes”. Además, podrías aportar algunos datos (sobre la
personalidad de esas figuras) que refuercen tu concepto sobre ellos.
7.
haz COMPARACIONES
Este principio consiste en buscar elementos conocidos
por el auditorio, que tengan analogía con tu tema de exposición. La
comparación puede ser, por ejemplo, entre el cerebro y la computadora,
entre el funcionamiento del radar y el rebote de una pelota, o una
oración como: “es tan alto como un obelisco”, etc.
8. realiza
CONTRASTES
Su uso tiene los mismos efectos que la comparación, pero se basa en el
caso inverso. Es decir, debes buscar alguna relación llamativa entre
dos elementos para llamar la atención del profesor o auditorio.
Por ejemplo, el siguiente relato: “hace 70 años se encontró en un lago
de la India un terrible monstruo, que medía 120 metros de largo, 15 de
ancho y 22 de altura, siendo su peso aproximado de 100 toneladas, pero
su cerebro apenas tenía el tamaño de una bola de billar”.
Por
regla general, colocar frases ‘de efecto’ cada cinco minutos,
mantendrá vivo el interés del auditorio.
9. USA
ESTADÍSTICAS
Su correcta utilización constituye una gran ayuda. Sin embargo, una
gran cantidad de datos estadísticos intercalados en la exposición
puede llegar a aburrir, por lo cual éstos deben ser utilizados con un
criterio adecuado. Un buen recurso consiste en dramatizar las
cifras, diciendo, por ejemplo, la cantidad de átomos que entran en
un alfiler, o el tiempo que tardaría una tortuga en atravesar el
territorio argentino, etc.