III. LA LECTURA ANALÍTICA CONNOTATIVA
1. Las afirmaciones fácticas
Una lectura más despaciosa y detallada del
texto conducirá a una ajustada comprensión de sus contenidos y al
reconocimiento preciso de lo fundamental y sus relaciones con lo
accesorio, a separar lo que es realmente superfluo (en el texto se
marca con bastardilla).
Funcionarios del Cabildo, sin ser regidores, lo
eran: el escribano que redactaba las actas y daba fe de lo inserto
en ellas, el tesorero, el mayordomo, el maestro, etcétera. El número
de funcionarios variaba según las posibilidades de cada ciudad.
Pero, además, se podrán detectar algunos
aspectos que traducen las connotaciones sugeridas por el autor.
En primer lugar, deberá reconocerse si existen
afirmaciones fácticas, es decir, un hecho o un grupo de hechos que
apoyan la idea principal. Hay que saber si son realmente la prueba
de la verdad de la afirmación.
Cuando en un texto analizado se enumeran todos
los hechos que provocaron el estallido de 1810 (ideas del siglo
XVIII, Revolución de los Estados Unidos, Revolución Francesa,
etcétera) y se comprueba su verdad; la aseveración del autor queda
bien afianzada.
Si se produjo en 1810 fue porque recién
entonces se dieron las circunstancias necesarias para que tuviera
lugar.
Pero, a veces, las afirmaciones fácticas (de
hechos) pueden ofrecer algunas incorrecciones que entorpecen la
comprensión y desvían el sentido de lo aseverado.
Posibles fallas:
a) Estas afirmaciones, para ser correctas,
deben ser verdaderas. Si se dice los argentinos juegan bien al
fútbol, este enunciado no es aceptable. Es ambiguo y parece
significar todos los argentinos juegan bien al fútbol.
b) Hay casos en que se eligen textos o
expresiones tendenciosas que pretenden favorecer el criterio del
autor. Se trata de una mala selección’ de datos que, evidentemente,
no ofrecen la garantía de una posición objetiva. Por ejemplo:
Ha muerto la era del libro; en efecto, las
historietas, la televisión, la radiotelefonía lo están suplantando
como medios de información.
Esta posición tan discutible se apoya sobre
hechos no evaluados convenientemente.
c) Se presentan argumentos no lógicos.
La independencia americana significó la lucha
en .contra de España.
Brasil es una república americana. Por lo
tanto, Brasil luchó contra España.
Estos errores de argumentación se llaman
falacias.
2. Limitaciones y supuestos
En las consideraciones previas, el autor se
ciñe a presentar los acontecimientos históricos como el resultado de
un proceso de maduración cuyas causas pueden establecerse con
claridad, explicándolos, razonándolos. De aquí se deducen los
supuestos que guían la organización del libro y que aparecen
explícita mente en el prólogo.
En muchísimas ocasiones se ha comprobado que la
Historia razonada, bien explicada, interesa sobremanera a los mismos
que creyeron vérselas con una insulsa serie de hechos y nombres más
o menos aislados entre sí. (Turrens, Juan F., op. cit.)
Apoyándose en esos principios, el autor no se
limita a la enumeración de los hechos (nombres, fechas, actuaciones,
etcétera), Sino que utilizará la vía lógica de la argumentación, del
razonamiento, haciendo hincapié en la relación causa-efecto.