ELEMENTOS PARA LA COMPRENSIÓN TEXTUAL
El lector, después de haber recibido las
informaciones y haber realizado las actividades que se proponen en
esta obra, está en condiciones de enfrentar y entender no sólo los
hechos y situaciones que el autor presenta, qué dice, sino también
de comprender cómo lo hace.
a. Qué dice: el asunto, el tema.
b. Cómo lo hace:
— lingüísticamente, organiza sus ideas en
esquemas de conte nido y distingue así las ideas principales de los
detalles accesorios.
— lógicamente, se ajusta a alguno de los
grandes esquemas lógicos.
— Problema
— Tesis
— Hipótesis
Además vincula entre sí los contenidos mediante
— Relaciones de causa-efecto; de comparación.
— Ejemplificaciones Y argumentaciones.
— Que razonamiento utiliza (inductivo o
deductivo).
Y llega, por fin a una conclusión final, o a
supuestos no explícitos, que manifiestan el enfoque del autor, la
teoría en que se apoya, y aun su posición filosófica.
Con respecto a estos dos últimos aspectos
(fundamentos teóricos y principios filosóficos) para captarlos se
requiere en el lector un más alto nivel de comprensión y de
información sobre los temas tratados.
Por ejemplo, reléase el capítulo sobre Egipto
titulado La región y los hombres de la ya citada Historia dinámica,
de Aubert, Duriff y Tomada. Debe señalarse que existen varios
enfoques teóricos de la historia, unos se basan en la estrecha
relación hombre-medio, otros ponen el acento en la acción del
hombre, en su libertad para obrar y trasformar Estos últimos
representan una posición más idealista que los primeros, en los que
parece apoyarse el capítulo mencionado.
LA INICIACIÓN DEL JUICIO CRITICO
Cuando el lector ha captado la organización
semántica y lógica del mensaje, interpretando secuencias y esquemas,
proposiciones y argumentos del autor, y ha descubierto los problemas
que el libro trata de resolver, está en condiciones de preguntarse
cuál es el resultado final de la compleja tarea realizada, de qué
manera el tratamiento y la solución de los problemas abordados por
el autor, contribuyeron a enriquecer su comprensión sobre el tema,
abriendo, quizá, nuevos caminos para el desarrollo de su pensamiento
creador.
En el diálogo entablado con el autor se ha
cumplido ya la primera fase, escucharlo, tratando de interpretar su
auténtico pensamiento; corresponde ahora que el lector se exprese,
arguya con el autor y realice una evaluación crítica, evaluación de
lo que el autor sostiene y de cómo lo hizo.
Ha llegado el momento de la discusión y para
entablarla, el lector deberá recurrir a sus propios conocimientos, a
la bibliografía de consulta, o a diversos textos de nivel similar
que presenten otros puntos de vista. Comparará, establecerá cuál es
la organización y la argumentación más clara y juzgará si las
conclusiones han sido derivadas de un razonamiento lógico, preciso,
sin contradicciones. Estará así en condiciones de reformular el
problema y expresar de esta manera su postura personal.
Se pide, pues, al lector una definición sobre
los planteos del autor. La realización de diversos tipos de lectura,
gradual y sistemática, facilitará este objetivo.