LAS PREMISAS
Algunas proposiciones informativas actúan
como premisas de argumentos, y otras, no. Teniendo en cuenta su
comportamiento, las primeras se clasifican en:
A. Las que dan por sentado lo que comunican: no
hay que demostrarlo, ni ofrecen elementos de prueba.
Ejemplos:
Mi abuelo es el padre de mi padre.
El triángulo tiene tres ángulos.
Estas proposiciones suelen llamarse también
verdaderas o tautológicas. En los dos ejemplos, la proposición está
contenida en la definición de las palabras.
B.
Las que no necesitan ser demostradas porque tienen su propia
evidencia, la peculiaridad de ser indemostrables, pero constituyen
también verdades innegables. Las ciencias exactas (Física,
Matemática, Astronomía) ofrecen ejemplos de este tipo.
Los axiomas y los postulados pertenecen a este
grupo y pueden servir como prueba de otras proposiciones para
convertir- se, entonces, en premisas. Hay, pues, proposiciones
primarias, como las que hemos señalado, necesarias para comenzar a
desarrollar cualquier esquema lógico.
La existencia de axiomas y postulados permite
el desarrollo de los argumentos porque, si no existieran estas
proposiciones primitivas, no podría iniciarse ningún tipo de prueba,
ninguna argumentación.
Ejemplo:
La menor distancia entre dos puntos es una
recta.
Las paralelas no se encuentran.
C.
Las que enuncian algo que puede ser probado: los
teoremas, las tesis, etcétera.
En cualquier texto de geometría se encontrará
la demostración de teoremas como éstos:
a. La suma de los ángulos de un triángulo es
igual a dos rectos.
b. El cuadrado construido sobre la hipotenusa
es igual a la suma de los cuadrados construidos sobre los catetos.
II. Otra distinción muy útil para analizar los
argumentos es la que establece la diferencia entre las proposiciones
que ofrecen una comprobación sensorial (o fáctica) y las que
recurren al razonamiento para alcanzar la conclusión.
Ejemplo:
Imaginemos un vaso con agua en reposo. Pensemos
en una de las gotitas del interior: soporta el peso de todas las
gotitas que tiene encima. Ese peso, distribuido sobre su superficie,
ejerce una presión sobre la gota.
Como suponemos que el líquido está en reposo,
la gota no se mueve. Pero si no se mueve, a pesar de soportar una
presión de arriba hacia abajo, significa que existe a la vez una
presión de abajo hacia arriba, igual a aquélla. (Maiztegui, Alberto
P. y Sábato, Jorge A., op. cit.).
Las premisas son de tipo lógico; se apoyan en
el razonamiento y no en los hechos, tal corno lo sugieren las
palabras: imaginemos, pensemos, supongamos. En cambio, en este otro
ejemplo que trascribimos se habla de un experimento, o sea de una
comprobación sensorial de determinados hechos:
Una sencilla experiencia nos permitirá
comprobarlo; tomemos un tubo abierto en sus dos extremos, y tapemos
uno de ellos apoyando un disco de metal. Introduzcamos el tubo, con
el extremo tapado hacia abajo, en un recipiente con agua;
comprobaremos que, a pesar de soltar la tapa, ésta se mantiene
adherida al tubo. Conclusión: Existe una presión de abajo hacia
arriba. (Maiztegui, Alberto P. y Sábato, Jorge A., op. cit.)
En este caso las premisas sirven de apoyo
fáctico (se basan en comprobaciones empíricas): se describen con
toda precisión las pruebas realizadas para llegar a la conclusión.