LA LECTURA PROFUNDA
Una
vez que se ha hecho una Lectura Panorámica, se puede abordar con una
gran ventaja la Lectura Profunda de un texto, libro o documento.
La
gran diferencia es que la Lectura Panorámica habrá preparado muy
bien el terreno (de la mente) para que la Lectura
Profunda, que podrá ser total o parcial, según nos lo haya
indicado con rapidez la Lectura Panorámica, brinde sus máximos
beneficios en la ecuación Velocidad/Comprensión/Memorización.
El
sistema de Aprendizaje Intensivo que aquí proponemos se basa
en la sinergia de las siguientes habilidades:
·
la Lectura Panorámica,
·
la Lectura Profunda facilitada con técnicas de Lectura Dinámica
(que se desarrolla en la sección de LECTURA VELOZ),
·
el procesamiento eficaz con Reglas Mnemotécnicas basadas en los
Mapas Conceptuales,
·
el incremento del Vocabulario,
·
y las habilidades de Expresión Oral y Escrita.
La Lectura Profunda no
es otra cosa que una actitud activa en el proceso de leer,
pautada por preguntas fundamentales que el propio lector debe
contestar a medida que lee.
El arte de leer en
cualquier nivel superior al primario consiste en el hábito de
plantear las preguntas adecuadas en el orden correcto. Existen
cuatro preguntas fundamentales que hay que plantearse ante un libro.
1. ¿Sobre qué trata el
libro en su conjunto?
Hay que descubrir
el tema básico y en qué orden lo desarrolla el autor,
subdividiéndolo en sus temas principales y subordinados. (Esto ya
lo tendrá asimilado por la Lectura Panorámica).
2.
¿Qué dice en detalle, y cómo lo dice?
Hay que intentar descubrir las ideas, los datos y recursos
principales que constituyen el mensaje concreto del autor.
3. ¿Es el libro un
reflejo de la realidad, total o parcialmente?
No se puede responder a esta pregunta sin haber contestado a las
dos anteriores. Hay que saber qué dice el libro para decidir
si está de acuerdo con la realidad (o con nuestra visión de ella),
pero cuando se entiende el texto en cuestión, existe la obligación,
si se está realizando una lectura seria, de formarse una opinión
propia. Conocer la del autor no es suficiente.
4. ¿Qué importancia
tiene?
Si hemos obtenido información del libro hay que preguntar qué
significa. ¿Por qué piensa el autor que es importante saber estas
cosas? ¿Es importante saberlas para el lector? Y si el
libro no sólo nos ha proporcionado información sino que nos ha
aportado conocimientos, hay que buscar más conocimientos
preguntando qué viene a continuación, qué otras
consecuencias o sugerencias tiene, a qué otras obras remite para
profundizar aún más los conocimientos, etc.
Leer un libro a
cualquier nivel superior al primario supone esencialmente un
esfuerzo por plantearse preguntas (y contestarlas como mejor
podamos). Es un punto que no debemos olvidar, y por ello existe una
gran diferencia entre el lector activo y el lector pasivo.
Éste último no plantea preguntas y no obtiene respuestas.
Las cuatro
preguntas mencionadas resumen la responsabilidad de todo lector
y son aplicables a cualquier cosa digna de leerse: un libro, un
documento o un artículo.
No se lleva a cabo una
lectura analítica satisfactoria hasta que el lector conoce las
respuestas a dichas preguntas, aunque sólo sea según su propio
esquema de las cosas.
Saber en qué consisten
las cuatro preguntas no es suficiente; hay que recordar
formularlas mientras se lee. La costumbre de hacerlo
constituye el distintivo de un lector exigente. Además, hay
que saber cómo contestar con precisión. La destreza en
esta tarea es precisamente el arte de leer.
Hay personas que se
fatigan cuando tienen entre manos un buen libro no porque no deseen
realizar un esfuerzo, sino porque no saben hacerlo. Los
buenos libros nos superan; en otro caso, no serían buenos. Y
este tipo de libros nos cansan o abruman a menos que seamos
capaces de darles alcance y de ponernos a su mismo nivel.
No es el esfuerzo lo
que nos cansa, sino la frustración de no conseguir nada con ello,
porque carecemos de la habilidad para hacerlo adecuadamente.
Para leer activamente,
no sólo hay que tener la voluntad sino también la destreza,
el arte que nos permite superar rápidamente los tres
escalones mostrados al principio del libro: pasar de la
información al conocimiento, y de éste al aprendizaje.
Si se ha adquirido el
hábito de plantearle preguntas a un libro a medida que se va
leyendo, eso significa una mejora substancial en nuestras
habilidades de lectura, pero no basta con plantearse preguntas, sino
que hay que intentar contestarlas. Y aunque, en teoría, esto
puede hacerse sólo mentalmente, resulta mucho más fácil realizarlo
con un lápiz, porque este instrumento es el signo de que
estamos alerta mientras leemos.
El lápiz, además,
nos servirá como guía para las técnicas de Lectura Dinámica, que
se ve en la sección de
LECTURA VELOZ.
Literalmente, subrayar
un libro equivale a la expresión de las diferencias o de las
coincidencias del lector con el escritor.
Existen diversas
formas de anotar un libro de forma inteligente y fructífera.
A continuación ofrecemos algunos recursos:
1. Subrayado:
de los puntos más
importantes, de los argumentos de mayor fuerza. Lo que no debe
hacerse es terminar subrayando media página o la mayor parte de la
página. Tampoco subrayar en la primera lectura, sin haber leído el
índice, el prólogo, la bibliografía y la introducción.
2.
Líneas verticales
en el margen:
para destacar un argumento concreto ya subrayado o un párrafo
demasiado largo como para ser subrayado.
3.
Asteriscos u otros signos al margen:
para destacar los
argumentos o párrafos más importantes del libro. Como alternativa al
subrayado de colores, puede utilizarse un signo de interrogación
para las dudas, uno de exclamación para el acuerdo o la
importancia, un ‘signo más’ para volver a ese punto y explayarlo con
otros materiales, etc.
4.
Tiras de Papel entre
las páginas:
también se pueden colocar una o varias tiras de papel (aun de
distintos colores); especialmente útiles son las que traen un
pegamento débil. En cualquiera de estos casos, se podrá sacar el
libro de la estantería y, al abrirlo por la página señalada,
refrescar la memoria.
5. Números en el margen:
para señalar una secuencia de puntos realizada por el escritor, o
por el propio lector, en el desarrollo de un argumento.
6.
Numeración de otras
páginas en el margen:
para indicar donde señala los mismos puntos el autor, u otros puntos
referidos a los ya señalados o contrarios a éstos, con el fin de
unir las ideas del libro que, aunque estén separadas por muchas
páginas, pertenecen al mismo grupo. Muchos lectores emplean
las letras «cf», que significan «compárese»
o «referido a», para indicar el número de las otras
páginas.
7. Rodear con un círculo las palabras o frases clave:
cumple
prácticamente la misma función del subrayado.
8.
Escribir en el margen, o en la parte superior o inferior de
la página: para señalar las preguntas (y también las
respuestas) que pueda plantear un párrafo concreto, para
reducir una exposición complicada a un enunciado sencillo,
para dejar constancia de la secuencia de los puntos más
importantes del libro.
9.
Pegar el Mapa Conceptual del libro en la última página,
para una consulta rápida al contenido total del mismo.
Fin de la Sección 'EL
CAMINO DEL APRENDIZAJE RÁPIDO'